Actualidad: Inauguración de la Biblioteca de Shoá Simon Wiesenthal

22/Sep/2014

Blog Entre líneas y bisagras, Fabián Álvarez

Actualidad: Inauguración de la Biblioteca de Shoá Simon Wiesenthal

Mi fascinación con la
cultura, la religión y el pueblo judío son innegables. Si bien mi foco de
interés para seguir conociendo a este pueblo fue su terrible vivencia genocida,
la Shoá (u Holocausto – que fue el asesinato planificado y sistemático de 6
millones de judíos por parte de los nazis y sus colaboradores-) después seguí
queriendo aprender más sobre esta cultura tan rica por sus años y por su
sofisticación.
Así fue que me fui
cruzando con esta mujer llena de energía, de ojos claros pero más que claros
brillosos, que siempre tenía para conmigo las más efusivas demostraciones de
afecto, aun cuando yo apenas la conocía. Esta señora se llama Rita Vinocur,
hija de la excepcional sobreviviente Ana Vinocur.
Y poco a poco la fui
considerando una amiga o algo parecido. Y en esos encuentros, en los que su
energía parecía desbordar me fue hablando de este proyecto, de este sueño que
tenía sobre una Biblioteca de la Shoá. Me hablaba como si fuera su gran sueño, aunque
en realidad ya estaba muy avanzada su concreción. Supongo que no podía palparlo
hasta que se inaugurara el pasado martes 16 de setiembre.
Por esa esa sonrisa
cálida, por ese fuego interior que, parafraseando a Galeano, no es un fuego
calmo sino toda una llamarada, contagió a todo el resto de los actores
involucrados en la concreción de la biblioteca, y lo logró.
Su energía es contagiosa
y yo estoy a la orden para lo que ella precise, porque ¿Cómo decirle que no a
Rita Vinocur?
Yo no sé si Ana enseguida
supo o ya sabía que yo era el educador gentil (o goy en idish) del Proyecto
Shoá. O sea el único no judío que con mucha voluntad decidió aprender mucho más
de lo que ya sabía para poder ponerse en ese rol.
Educar sobre el
holocausto con compañeros cuyas familias sufrieron el flagelo del nazismo para
mí representó una gran responsabilidad de hacerlo bien. Y cumplí. Además aporté
mi humanismo para que el Proyecto Shoá, memoria y legado del holocausto, en
cada charla en la que participe haya memoria y también legado, también podamos
aprender de la dignidad de los supervivientes, de la dignidad de Ana Vinocur. Y
que si bien no estamos frente a la amenaza de un genocidio, la discriminación y
la violencia están a nuestro alrededor. Somos nosotros los que podemos alzar
nuestra voz para cambiarlo. Eso tratamos de dejar en los alumnos. Conocimiento
sobre el pasado, y qué hacer con ese conocimiento: construir un mejor futuro.
Justamente eso es lo que
pretende la Biblioteca, convertirse en un centro de referencia en español de la
temática, para que la memoria se mantenga y en suma recordando no repetir los
errores del pasado y construir un mundo mejor. ¿No es eso lo que todos queremos
acaso?
Este sueño que parecía
imposible se gestó y armó en dos años y medio aunque el sueño nació mucho
antes, hace diez años.
Rita varias veces
mencionó que le da mucha alegría y orgullo ver como esta institución que ama no
está corriendo el destino cruel que tenía vaticinado, su cierre. Muchas
instituciones de sobrevivientes del mundo cierran dado que los sobrevivientes,
por una cuestión biológica, fallecen. Esta institución está creciendo debido a
que este tema, la Shoá, nos convoca a amigos, hijos y nietos de sobrevivientes.
Es una causa hermosa. Por eso da frutos. Por eso en un mundo donde la gente lee
cada vez menos, se inaugura una biblioteca y se llena un enorme salón de gente
interesada en conocerla.
Entonces el 16 de
setiembre se inauguró la nueva biblioteca Simón Wiesenthal de Montevideo. El
evento contó con las palabras de la propia Rita Vinocur en su rol de maestra de
ceremonias, visiblemente emocionada por el acontecimiento y por las palabras
extremadamente sinceras de cariño y orgullo de todos los presentes, las
palabras del Presidente del Centro Recordatorio del Holocausto Ing. Alejandro
Landman, el Ministro de Educación y Cultura Ricardo Ehrlich. Luego la ceremonia
se partió y tomó un nuevo rumbo.
Las palabras del Ing.
Landman resaltaron el valor de nombrar a la biblioteca Simón Wiesenthal, quien
fue una figura clave en la búsqueda de los criminales nazis tras el fin de la
Segunda Guerra Mundial. Como víctima de los campos, no buscó nunca venganza,
sino justicia. Por eso el apodo de “cazador de nazis” es incorrecto. También
enfatizó en que llamarlo por ese nombre era dignificar la memoria de la gente
de su pueblo que vivió una suerte de doble holocausto, el primero cuando se
llevaron a la mayoría de los integrantes de la colectividad judía y el segundo
cuando, pensándose a salvo, salieron de sus escondites los que quedaban solo
para también ser asesinados en una cruel jugarreta del destino.
Las palabras de Ricardo
Ehrlich constituyeron una verdadera disertación de la que pude rescatar muchas
cosas. Cuando lo escuché fue como un bálsamo al alma por lo conciliadoras.
Hablo de que el pueblo judío tiene memoria para lo bueno y lo malo que vivió, y
una larga memoria dado que conoce su historia desde hace miles de años. Resaltó
el valor de pertenecer a una comunidad y trabajó el concepto de comunidad.
También se leyeron agradecimientos
de Argentina y Yad Vashem que se ponían a la orden para cualquier cosa que se
precise. Incluso desde Argentina se planteó que se pueden hacer intercambios y
colaboraciones.
Leí posteriormente las
felicitaciones de Daniel Rafecas (Buenos
Aires, 5 de agosto de 1967) es un juez argentino que ha tenido a su cargo
numerosas causas judiciales y fallos de trascendencia pública. Es Doctor en
Ciencias Penales (UBA) y Profesor de Derecho Penal (UBA y Universidad Nacional
de Rosario). En el ámbito académico se especializó en el estudio de los
horrores del Holocausto, la discriminación y los derechos humanos.
Daniel Rafecas escribió
lo siguiente:
“En el apogeo de la
matanza de los judíos de Vilna, Lituania, entre el 7 y el 9 de diciembre de
1941, veinticinco mil hombres, mujeres y niños judíos, fueron asesinados.
Entre ellos, estaba quien
era considerado en ese momento como el más destacado historiador judío, Simon
Dubnov, de 81 años, autor de una obra muy prestigiosa, en diez volúmenes,
acerca de la Historia del Pueblo Judío. Enfermo y con fiebre, con piernas
debilitadas, no pudo moverse lo suficientemente rápido como para salir del
guetto en su marcha hacia los bosques de Ponar, y fue fusilado por la espalda
por un guardia.
Según el relato, las últimas
palabras de Dubnov, en su caída, fueron «Schreibt un farschreibt!»: «¡Escriban
y registren!».
Ese poderoso e
irrenunciable mandato nos llega intacto hasta nuestros días, y diría, cobra más
vigencia que nunca.
La inauguración de esta
biblioteca en Montevideo constituye también, a tres cuartos de siglo de aquel
suceso, un homenaje a su obra, su legado y su mensaje final, definitivo, dado
con el último aliento de vida.”
Luego vino el quiebre en
la ceremonia y la Prof. Sharon Vinocur acompañada en el teclado por Carlos Katz
nos conmovió a todos.
Cantó dos canciones. Una,
que en mis oídos era una canción judía cualquiera que nunca había escuchado,
pero que noté lo importante que era para la gente que allí estaba, dado que se
la sabían de memoria y los más osados la cantaron, aunque nunca tapando la voz
espectacular de Sharon. Luego le pregunté a Sharon que canción era y me dijo
que la canción era Jerusalén de Oro, o en su nombre original, Ierushalaim shel
zahav. O en su fonética alternativa, Yerushalayim shel zahav. Por supuesto que
todos la conocían, es una canción tradicional del pueblo judío que se convirtió
en el himno de Israel con su creación. A continuación se las dejo para que la
escuchen.
La segunda canción fue
Honrar la Vida de Eladia Blazquez. Ahí fue como una patada en el pecho para mí.
Yo esa canción la canto desde que iba a la escuela. En el coro nos hacían
cantar esa canción, y a mi padre, también le gusta. Entonces la conozco de
memoria y siempre me ha hecho reflexionar sobre si estoy honrando la vida o la
estoy dejando pasar. Siempre tengo en mente esa canción, ese mensaje, para
saber si estoy viviendo bien o no. Y en muchos momentos de mi pasado reciente
no estaba viviendo bien. Hoy sin dudas puedo decir que estoy honrando la vida.
Luego tomó la palabra el
Consejero y Cónsul de Canadá Denis Drouin, quien en un español con acento
extranjero resaltó el valor de la iniciativa, valor que hizo que Canadá, a
través de sus programas de apoyo, justamente apoyara esta iniciativa.
Y finalmente habló el
Vicepresidente del Centro Recordatorio del Holocausto Lic. Rafael “Rufo”
Winter, que dijo muchas cosas interesantes pero que yo solamente recuerdo que
dijo algo así como que estábamos ahí, porque debíamos estar. Y yo realmente
sentía eso. Falté a clase, estaba con gripe y cansado y estuve parado dos horas
en esta inauguración porque ese era mi lugar. No iba en representación del
Proyecto Shoá, soy un mero educador, pero iba en representación mía. Yo debía
estar allí. Y no fui el único miembro del Proyecto Shoá que sintió que su lugar
era allí, por las razones que lo sintiera. Estuvieron también Gabriel Sirotá y
Patricia Klotnicki.
Antes del cierre con un
delicioso brindis, el Gran Rabino de la Kehilá, Ing. Ben-Tzion Spitz colocó la
Mezuzá en la puerta de la Biblioteca. Explicó a la audiencia, porque sabía que
algunos no eramos judíos que era la Mezuzá, por lo que les explico a ustedes:
La Mezuzá (del hebreo מְזוּזָה,
«jamba de la puerta»; plural mezuzot) es un pergamino que tiene escrito dos
versículos de la Torá; se encuentra albergado en una caja -o receptáculo- que
es adherido a la jamba -o marco- derecha de los pórticos de las casas y
ciudades judías. Es una de las características más singulares de las moradas de
los judíos.
La mezuzá consiste en un
rollo de pergamino donde están inscritas dos plegarias: la más solemne del
judaísmo, «Shemá Israel» (hebreo, “שְׁמַע יִשְׂרָאֵל”, “Escucha, oh Israel”
(Deuteronomio 6:4-9)) y «Vehayá im shamoa» (“וְהָיָה אִם שָׁמֹעַ”, “En caso que
me oyéreis” (Deuteronomio 11:13-21)).
Luego se cantó el Himno
de los Partisanos por lo que todos nos pusimos de pie para finalmente disfrutar
de un brindis y de intercambiar opiniones con los presentes que cada quien
conocía.
Pero hablemos un poco de
la biblioteca. Ésta recoge material sobre la Shoá y otros genocidios como el
Armenio, el Charrúa, la persecución a los homosexuales por el nazismo o a los
gitanos. Si bien el foco de esta biblioteca es la Shoá mantiene una mirada amplia
respecto a los asuntos de derechos humanos, por lo que incluye información
sobre otros genocidios y otras atrocidades que el nazismo cometió pero que no
están incluidas dentro de la Shoá. De hecho es fundamental tener esa mirada
amplia dado que se dice que Hitler tuvo en cuenta el olvido al sufrimiento
armenio para envalentonarse y comenzar la Solución Final.
La inmensa mayoría del
material está en español Son los mejores libros y películas que puedan
conseguirse de los cuales sólo un 10% están en internet. Son textos que se
obtuvieron en librerías de Uruguay, Argentina, España, Yad Vashem en Israel,
entre otros. Todo el acervo estará en internet y se tendrá acceso a través del
sitio web que se lanzó el mismo día.
La memoria de la Shoá se
verá beneficiada con esta nueva biblioteca dado que recoge material
bibliográfico, fundamentalmente en español, sobre la matanza de judíos y demás
víctimas de las atrocidades que los nazis cometieron. Además de libros tendrá
películas, carteles o testimonios grabados de sobrevivientes.
Esta biblioteca está
destinada a cualquier persona, judía o no, que esté interesada en el tema.
Incluso tiene materiales para explicar esta tragedia a los niños. También es
útil para quienes deseen investigar porque hay desde material básico a muy
profundo, que ni siquiera está en internet. Para la selección del material,
hubo un grupo de expertos que eligieron detalladamente los contenidos.
La biblioteca se logró
crear tras un trabajo de más de dos años, como mencioné anteriormente y gracias
al aporte de instituciones del país y del exterior, entre ellas la Embajada
alemana en Uruguay, que pagó los muebles y la bibliotecóloga.
Rita ve a este proyecto
como el último gran proyecto del Centro Recordatorio, fundado en 1953 por
sobrevivientes de la Shoá. A Uruguay llegaron alrededor de 3000 sobrevivientes,
aunque muchos emigraron a Argentina después. Igualmente vivos no quedan muchos,
por lo que el miedo a que el Centro desapareciera era real. Pero como destaca
Rita y poniéndome a mí como ejemplo vivo, muchos jóvenes estamos interesados en
continuar este trabajo de memoria, y no solo jóvenes descendientes de
sobrevivientes.
Nada de esto se podría
lograr solo con soñar o el esfuerzo de unos pocos, por lo que voy a copiar los
agradecimientos que salieron en una de las noticias del CCIU porque el
reconocimiento, cuando merecido, hay que hacerlo.
Agradecimientos: Psic.
Elena Turim, Prof. Adela Mlodzieniec,
Lic. Rafael (Rufo) Winter, Ing. Luis Lieberman. Agradecimientos actuales Claims
Conference (USA) Fondo Canadá (concursamos y ganamos la máxima adjudicación)
Embajada de Alemania, Flia Jakter, Universidad Ort, Ing. Alejandro Landman.
Discount Bank, Guena Rubin y flia, Familia Kaplan y otros benefactores que
desean permanecer en el anonimato. Por supuesto nada sería posible sin la
incansable labor de toda la Comisión Directiva del Centro Recordatorio del
Holocausto. (Extraído del Boletín de noticias del Comité Central Israelita del
Uruguay).